sábado, 24 de diciembre de 2011
Silencio ensordecedor
Un silencio ensordecedor inunda mi habitación vacía. De una forma u otra, he llegado hasta aquí casi sin enterarme, y, sólo ahora, me doy cuenta de lo largo y arduo que ha sido el trayecto. No existen los días buenos, sólo hay días peores que otros. Sentado, contemplo luces que brillan en las calles de forma intermitente y a lo lejos, algún avión despega esporádicamente. La ventana, más que translúcida, parece proyectar el interior de la habitación hacia afuera. ¿Quién dejo salir a los gatos? En la mente, las ideas fluyen con la facilidad con la que un tornado de objetos comunes se abre paso por la llanura. Las fotos son instantáneas que permanecen para siempre. Ahora me planteo si realmente pertenezco a este lugar.
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