Con una paciencia y concentración imperturbables, escudriño al detalle la mecánica de una lámpara de lava. Su pseudo fluido se dilata y asciende hasta alcanzar su cénit, momento en el cual comienza a enfriarse, se contrae y se precipita al vacío mientras emite una tenue luz. Un proceso que se convierte en un ciclo vicioso. Y eso la consume.
Hacía ya tiempo que no me paraba a cuestionarme el por qué de todas aquellas pequeñas cosas que, en conjunto, lo conforman todo. Me examino cada día, descubriendo que nunca soy el mismo, y en ocasiones ni yo me reconozco. La lámpara siempre realiza el mismo ciclo, pero he aquí que nunca es igual. Me odio por ser tan complejo. A veces desearía ser un simple reloj, limitándome a tan solo dar la hora; pero soy diferente, y no puedo renegar de lo que soy, luego soy una lámpara.
Hacía ya tiempo que no me paraba a cuestionarme el por qué de todas aquellas pequeñas cosas que, en conjunto, lo conforman todo. Me examino cada día, descubriendo que nunca soy el mismo, y en ocasiones ni yo me reconozco. La lámpara siempre realiza el mismo ciclo, pero he aquí que nunca es igual. Me odio por ser tan complejo. A veces desearía ser un simple reloj, limitándome a tan solo dar la hora; pero soy diferente, y no puedo renegar de lo que soy, luego soy una lámpara.
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